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UN «SÍ, QUIERO» EN LENGUAJE DE SIGNOS
EL SOLO GESTO DE JUNTAR LOS DEDOS PARA DECIR «SÍ» BASTÓ AYER PARA UNIR EN MATRIMONIO A LOS DOS JÓVENES SORDOS OMAR Y VANESA
16/10/2006
 

Teresa J. Rovira, L'Alcúdia

Se conocieron sin palabras y, sin palabras, se han casado. Sólo una mirada bastó, hace cinco años, para que Vanesa se enamorase de Omar. Y un sencillo gesto, el de juntar los dedos para decir «sí», unió ayer en matrimonio a estos dos jóvenes sordos de 25 años.

Como manda la tradición, Omar y su familia se trasladaron ayer a l'Alcúdia, el pueblo de la novia -Vanesa-, desde Benisuera. En la puerta de la iglesia, el novio esperó junto a sus amigos. En silencio. No por los nervios -Omar dice que ha vivido los preparativos y la ceremonia «con total tranquilidad»-, sino porque Omar es sordomudo. Su calma se adivinaba en su relajada charla gestual con los otros jóvenes, aunque quizá también le haya ayudado a serenarse su experiencia previa en este tipo de ceremonias, pues su hermano mayor -también sordomudo- se casó hace sólo cuatro años con una chica, también sorda, de la ciudad de Alcoi.

Vanesa, como cualquier novia que se precie, se hizo esperar y cuando llegó lo hizo entre sonoros aplausos, los de sus amigas y familia.

Una vez dentro de la iglesia, la boda transcurrió con total normalidad. Al rito tradicional del matrimonio se sumó su traducción simultánea al lenguaje de signos por parte del oficiante del sacramento, el padre Ángel Santamaría, el único de la diócesis de Valencia que conoce este lenguaje. Él, hijo de padres sordos, lo aprendió antes de ordenarse sacerdote hace diecinueve años y, desde entonces, sólo él se encarga de oficiar sacramentos para sordos.

Hace ya dieciocho años de la primera boda entre no oyentes en Valencia y ningún otro sacerdote ha tomado el relevo del padre Ángel, que cree que el aprendizaje del lenguaje de signos no es sino una manera de «normalizar la liturgia y acercarla a los creyentes». A razón de entre cuatro y seis bodas anuales, ésta es la segunda unión religiosa que Santamaría oficia en l'Alcúdia.

Vanesa tampoco estaba nerviosa. «Ella es muy decidida», comentaban sus familiares. Durante la ceremonia constantemente interpelaba al sacerdote, asentía, sonreía. Estaba, como ella misma reconoció tras el acto, «muy feliz». Escogió al padre Ángel Santamaría ya no sólo por el hecho de que fuese el único conocedor del lenguaje de signos, sino porque había sido su profesor en el colegio San José de Valencia y se siente «unida a él». Un sentimiento recíproco, pues el cura también dijo estar «contento» de desplazarse a la parroquia de San Andrés Apóstol de l'Alcúdia para casar a su alumna.

Por lo demás, fue una boda al uso: cámaras revoloteando en torno a los novios para no perder ni un solo detalle de sus gestos, amigos que entran y salen y hablan -en silencio- durante la eucaristía, familiares nerviosos y emocionados, sesión interminable de fotografías tras la boda con todos y cada uno de los presentes...

Omar y Vanesa estaban decididos a casarse y aseguran que no han tenido ningún problema para llevar adelante su cometido. Los padres del novio, sin embargo, dan otra versión de los hechos pues reconocen que sí hubo alguna complicación con las fechas y aseguran que ellos han vivido «con muchos nervios» todos los preparativos.

LEVANTE EL MERCANTIL VALENCIANO "15/10/2006"

 

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